Antes de mis cuarenta años, jamás pensé cuestionarme mis idas y venidas al origen. Trabajé mucho tiempo fuera de mi terruño de manera temporal, pero siempre de una u otra manera llegaba ahí o más bien llegaba el bulto...pero llegaba.
Reconozco haber perdido la capacidad de mirar el entorno cada jornada vivida en mi pueblo, como si todo día a día fuera simplemente parte del paisaje. Una nueva carretera trajo cambios estructurales importantes y yo, simplemente y de manera literal viajé con ellos y sobre ella.
Cada vez que circulaba por la columna vertebral de Lirquén, lo hacía por la mera necesidad de desplazarme. Hoy, fuera de mi pueblo, recuerdo lo rápido que pasaba y lo poco que admiraba el entorno y sus cambios. Quizás pensé que el único cambio válido para mi, era ese espacio que se le quitó al pueblito para montar ese "necesario" avance para todos.
Pero sin desviarme mucho, no pude apreciar los cambios que otros también generaban. Nuevas casas fueron apareciendo, otras tantas remozadas, coterráneos iban envejeciendo, nuevas generaciones crecen y los grupos de amigos ya no son los mismos que conocí y con los que crecí.
Ahora fuera de mi pueblito por casi dos años y no de manera temporal, he tenido que aprender a vivir en ciudad, donde nadie se conoce (ni me conoce) y los que sí, son solamente por vínculos laborales o académicos. Lo increíble de todo, es que camino mucho más que en mi propio pueblo y me siento ajeno a la urbe, como les digo, puedo caminar a hacer mis compras diarias a tres o cuatro cuadras de mi casa frente a un hermoso parque y nadie me conoce, mucho menos me saludan.
Después de todo esto que les cuento, viene mi pregunta para los cientos (no puedo hablar de miles, mi Lirquén es de pocos) que estamos avecindados fuera de nuestro querido pueblo:
¿A qué vamos cuando vamos?
Creo que muchos responderán algo tan obvio como "los vínculos familiares", pero realmente ¿es eso el cien por ciento de nuestra motivación?.
¿Qué tiene ese pequeño terruño, que llama a regresar cada vez que podamos?
¿Su gente, el entorno, la tranquilidad de pueblo? ¿o el tremendo deseo de ser conocidos y reconocidos por los nuestros?.
Estoy a veintisiete horas terrestres y a tan solo tres horas aéreas y créanme que cada tarde desde que decidí otros rumbos, deseo tanto pasar nuevamente por la columna de mi pueblo y no solo para llegar a destino, si no más bien para poder disfrutar de los cambios que ha tenido él y su gente.
Tengo la certeza que algo mágico pasa en esa pequeña comarca, que hace cada día querer más volver a verla, aunque sea unos días para disfrutarla, vivir y sentir con ella.
Hay un trozo de una canción de Illapu que frasea "vuelvo sur, saludo mi desierto", espero que esto sea solamente un saludo a este hermoso e imponente desierto y un vuelvo para mi amado sur.
"El resto del mundo para vivir, para nacer y morir, Lirquén"
Dios me ayude a cumplirlo.